Salimos de Tarragona con las primeras luces del día. Aún medio adormilados conducíamos por la N-240 que nos llevaba a Montblanc, una preciosa ciudad amurallada declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y al poco empezamos a encontrar las distintas desviaciones que nos llevaban a recorrer la ruta monástica del Cister.
Santes Creus, Vallbona de les Monges y Poblet. Son los tres vértices de esta asombrosa ruta que nos lleva a través de extensos viñedos, entre almendros, entre bancales de piedras y pinares frondosos. Atravesamos las sierra de Lleida y Tarragona para confundirnos en el tiempo con aquellos campesinos y peregrinos que recorrían la comarca.
Vallbona de les Monges
Cuando tras llegar a Montblanc, una hermosa villa medieval con murallas, puentes románicos y callejas empedradas, decidimos ir primero al norte en busca de Vallbona de les Monges, poco podíamos suponer que nos encontraríamos, tanto en éste, como en Poblet y Santes Creus, con un conjunto monástico de tal magnitud. Encontrarse en medio del paisaje descrito con ese arte, con esa belleza, con esa rotundidad, recortada contra el horizonte, es algo que, a primera vista abruma. No puede uno dejar de pensar que no cuadra con el paisaje, que semejante orquesta arquitectónica no puede estar construida en esos lugares.
Santa Maria de Vallbona es la menos majestuosa de las tres; la menos vistosa. Situado en tierras leridanas, su característica principal es que mezcla varios estilos, como en el claustro, donde cada ala es de una forma. O su campanario de estilo gótico.
Hace siglos la Orden del Cister buscaba donde recluirse; un remanso de paz, un lugar para llevar a cabo su famoso lema Ora et Labora y no dejarse influir por nada exterior que perturbara la paz de espíritu.
Santa María de Poblet
Y así nació Santa María de Poblet, uno de los conjuntos monásticos más importantes de toda Europa. un lugar donde incluso reposan los restos de algunos de los reyes de la Corona de Aragón y Cataluña. Seguramente su descripción sonará casi a la de una fortaleza medieval, pero es que realmente lo parece, aunque se le note el tono austero. Esa impresión la da su soberbia muralla por la que asoman los tejados, las torres y los campanarios. Como en las otras, también mezcla algunos estilos, pues su fachada es barroca. El claustro, sin embargo, es románico, y a él se llega tras atravesar un entramado complejo de escaleras, pasillos y pasadizos. La iglesia, junto a los dormitorios de los monjes, es románica con elementos góticos. Y es aquí, en esta iglesia, en su crucero, donde se encuentran los sepulcros de los reyes.

Santes Creus es un monasterio que se caracteriza por su simpleza, al mismo tiempo, rica y bella. Ya no viven los monjes cistercienses en él, así que nos podemos manejar a nuestro libre albedrío, y disfrutar de su silencio y tranquilidad. La Puerta de la Clausura, de estilo barroco, es la que nos abre paso al interior de este conjunto monástico. Por la calleja que nos lleva hasta la iglesia del fondo, vamos dejando a los lados las casas donde vivían todos los dignatarios que llegaban al lugar, así como los monjes jubilados. La iglesia interior es románica pero con ventanales góticos y almenas en sus tejados. Tienes dos claustros, el anteior es de estilo gótico, aunque se montó sobre uno anterior románico. La sala capitular también es románica.
Pero si queremos vivir al máximo esta rica experiencia, hay un momento y una situación especial que debemos intentar disfrutr. El lugar, sin duda, son los propios monasterios. Poblet y Vallbona de les Monges tienen ambos sendas hospederías donde podemos dormir y comer. Nada mejor, que pasar la noche donde se acumulan tantos siglos de Historia.
Y para comer, nada mejor que en invierno, cuando se celebra en la zona la fiesta de los calçots, cebollas cocidas untadas en salsa romesco.
Via: locuraviajes.com