La ciudad de Valencia es esencialmente industrial. Sin embargo, oculta un centro con algunos monumentos muy interesantes. Es el momento de abandonar nuestros prejuicios y poner a prueba nuestra curiosidad y capacidad de asombro.
Con lo primero que tropieza la vista es con las Torres de Serrano, situadas en la Plaza de los Fueros. Este monumento es una puerta fortificada, realizada en 1238 y compuesta de dos vueltas. Es un vestigio de las murallas que protegían la ciudad de Valencia. Desde ahí, por la calle Serranos llegamos a la plaza de la Virgen. Dos monumentos se clavan en nuestras retinas. Comenzamos por el Palau de la Generalitat que acoge el gobierno autónomo de la Comunidad Valenciana. A continuación, visitamos la Basílica de la Virgen de los Desamparados que alberga la estatua de la patrona de Valencia.
La siguiente cita es en la plaza de la Reina, de la que estamos muy cerca. Resulta muy interesante visitar la catedral por dos motivos: ver la confluencia de estilos arquitectónicos y su cáliz, presentado como el auténtico Santo Grial… Hechas estas incursiones culturales no nos queda más remedio que degustar una auténtica paella, la especialidad de Valencia.
Un poco más al oeste, podemos visitar la Lonja de la Seda, un espléndido mercado gótico que acogía el mercado de la seda en su época de máximo esplendero. Muy cerca podemos echar un vistazo al mercado central, considerado uno de los más bonitos de Europa.
A continuación seguimos por la calle San Vicente Martir y luego la calle de la Paz. Accederemos al colegio del Patriarca, un seminario del siglo XVI. Queda entonces por ver la ciudad de las artes y las ciencias, de la que ya hemos hablado en el blog. Un complejo para la cultura y el entretenimiento de aspecto futurista que consigue asombrar a todo el que lo visita.
Después de la cultura toca ir de tiendas. Alargando nuestra jornada de visita hasta el final del día.